Lo que aprendí sobre el discipulado
Cuando me propusieron escribir lo que había vivido en el CAMPUS de Discipulado e Inteligencia Emocional, supe que tenía que decir que sí, aunque me resulta difícil trasmitir con palabras la experiencia de esos días.
Por un lado, podría hablar del contenido en sí, y es que, en este CAMPUS, entre unos y otros, nos fueron enseñando cómo ser discípulo de Jesús según Fe y Vida; es decir, cómo seguirle. Hicimos poco a poco un recorrido en el que nos fueron facilitando información sobre ciertos aspectos fundamentales para tener una relación con Dios; herramientas que nos ayudan a ser conscientes de dónde, con qué y cómo partimos para emprender ese camino de seguimiento; también en la parte de inteligencia emocional recibimos recursos para ir cogiendo consciencia de las emociones y, a su vez, de nosotros mismos para poder así convivir con nuestra comunidad.
Una vez hablamos sobre la parte previa y el punto de partida, procedimos a conocer lo que es ser un discípulo, el proceso en sí, la vida en comunidad. Al final, ser discípulo es una elección que reestructura tu vida, ya que Dios no es un aspecto más de ti, sino que es aquel punto sobre el cual gira tu vida. Un discípulo no sólo vive en su comunidad, sino también en el mundo que le rodea y debe ser coherente con todo esto en la medida de lo posible. Pero este CAMPUS no ha sido sólo teoría, sino un espacio en el que antes, durante y después de las diferentes sesiones que teníamos se han ido formando conversaciones y situaciones que a mí, personalmente, me han ido sirviendo.
Todo empezó antes del viaje
Ya desde antes del viaje, sin que fuéramos muy conscientes, estábamos empezando este CAMPUS: nos buscamos las cuatro personas que íbamos a ir desde Valencia y empezamos a hacer grupo, a organizarnos para viajar, para ponernos en contacto con las personas que nos esperaban en Cantabria y, poco a poco, a conocernos de una manera distinta. Durante el viaje empezamos a intercambiar conversaciones, preguntas, respuestas, situaciones en las que la vulnerabilidad de unas se cubrían con las fortalezas de las otras.
Cuando entendí que estaba en casa
Recuerdo perfectamente cuando llegamos a Siquem y vi a algunas de mis compañeras actuar como si estuviesen en su propia casa, entrar directamente sin reparos, saludarse con los demás, y en todo esto había una gran naturalidad. Fue entonces cuando entendí que yo también estaba en mi casa. Los compañeros del CAMPUS nos esperaban sin conocernos, pero con ilusión, abiertos a tener una conversación con quien tuviesen delante, y se palpaba un interés real, el cual, aunque hayan pasado días se sigue palpando.
Entonces se empezó a formar un clima de comunidad en el cual todos cuidábamos de todos. Mientras unos intercambiábamos experiencias personales, los otros orgánicamente, cuidaban para que esa conversación siguiera, porque el hecho de recoger la mesa, por ejemplo, no la frenara. Y las personas que escuchaban se involucraban de verdad.
La dinámica que de manera natural se fue forjando en la casa, fue la de abrirnos a los demás como hermanos, contarnos vivencias de todo tipo y, poco a poco, nos empezamos a reconocer con un vínculo bastante más estrecho. No solamente los ocho que íbamos al CAMPUS, sino también, los que por una u otra razón estuvieron allí.
Poner la vida en oración
Además de las conversaciones o servicios que se intercambiaron, cada mañana, después de desayunar, empezábamos el día poniéndonos en oración. También después de cenar hacíamos una oración todos juntos en la capilla. Una de las noches, ya acabando el CAMPUS, vino el ministerio de música y se hizo una oración de intercesión que personalmente viví como un gran regalo, porque de una manera especial pude poner ante Dios todo lo que había estado viviendo esos días: ya fueran experiencias vividas, reflexiones íntimas o el contacto con Dios tan estrecho que vino propiciado por la atmósfera en que nos encontrábamos.
Aprender en comunidad
Entiendo que cada CAMPUS de discipulado es diferente puesto que, las personas que lo forman son distintas, y, en consecuencia, el grupo cambia. Puedo decir que este fue un CAMPUS intenso, ya que las personas que estuvimos veníamos con ganas de resolver muchas dudas, profundizar en ciertos aspectos, conocer más a fondo Fe y Vida. Y, por todo esto, las charlas de formación fueron un continuo diálogo a partir de los temas propuestos.
No puedo pasar por alto el hecho de haber vivido la asamblea en Cantabria por primera vez, llena de nuevos y abundantes estímulos, diferentes realidades, fruto de un trabajo en COMUNIDAD de más de treinta años. Ver la gran acogida por parte de todos y sentirme parte de todo esto. Ver la asamblea me ayudó a comprender más aún la forma de caminar que tiene esta comunidad. Todos abiertos a esa característica acogida. Con predisposición.
Un camino que continúa
Ahora que el CAMPUS ha terminado entiendo por qué tenía la intuición de que iba a ser algo bueno para mí, mejor de lo que intuía. He podido coger herramientas para empezar un camino de mayor autoconocimiento, pero de manera consciente, y así poder ir dándome a los demás. Y es que, como como bien pudimos ver en el testimonio que nos dio Luís, cuando empiezas un camino vas a seguir madurando y, por esto, seguramente cuando pase el tiempo y mires atrás te puedas ver inmaduro en ese paso, pero lo importante es intentar hacerlo como Dios ha querido que sea y poco a poco irlo recorriendo.
Quisiera destacar, por una parte, el acompañamiento que tuvimos disponible en todo momento por parte de los comprometidos que estuvieron con nosotros. Por otra parte, y para finalizar, que el discipulado para mí, es un camino que empiezas y es un continuo crecimiento y acercamiento a Dios, puede ser esta la razón por la cual, cuando hablo con mis compañeras al respecto, decimos que todavía lo estamos digiriendo, porque te desgrana la manera de ser seguidor de Jesús, te das cuenta de que está a tu alcance, pero que queda en tus manos emprender ese camino.
Natalia Vélez
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