La paz esté con vosotros, hermanas y hermanos.
Somos Oriol y Clara, un matrimonio que vive en un pueblo de Cataluña. Esta Semana Santa hemos tenido la oportunidad de compartir unos días muy especiales con la Comunidad de Fe y Vida en Cantabria. Fuimos con nuestros tres hijos: Miquel, Maria y Ferran.
La verdad es que llegamos sin demasiadas expectativas. Nuestro deseo era sencillo: poder participar en alguna celebración y que nuestros hijos nos lo permitieran, intentando no molestar demasiado. Como muchos padres, estamos acostumbrados a vivir estos momentos con cierta tensión, pendientes de si hacen ruido o interrumpen. Sin embargo, lo que hemos vivido ha superado todo lo que imaginábamos. Lo hemos podido vivir con mucha naturalidad y paz.
Han sido unos días intensos y muy especiales. Hemos compartido momentos de oración, celebraciones y también muchos espacios de encuentro con otras personas. Nos llevamos en el corazón cada conversación, cada historia compartida, cada gesto de acogida. Vivir la Semana Santa conviviendo en Siquem nos ha permitido conocer a muchos hermanos y hermanas, y compartir juntos la fe en Jesús resucitado.
“Amaos los unos a los otros como yo os he amado”
Durante estos días nos hemos sentido profundamente amados. Pero no se trata de cualquier tipo de amor, sino de un amor auténtico, concreto, sencillo y verdadero. Hemos podido experimentar cómo en la Comunidad de Fe y Vida se vive el mandato de Jesús: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Nos han acogido con naturalidad, sin juicios, desde la cercanía y con la certeza de sabernos todos amados por Dios.
“Dejad que los niños se acerquen a mí”
Como padres, uno de nuestros mayores miedos al participar en este tipo de encuentros es que nuestros hijos molesten o no encajen. En muchas ocasiones, vivir la misa o momentos de oración con niños pequeños supone hacer malabares: llevar juguetes, dibujos, comida… intentando mantener el silencio y no interrumpir.
Sin embargo, en Fe y Vida hemos sentido todo lo contrario. Nos hemos sentido acogidos tal como somos, también con nuestros hijos. Han tenido su espacio, con actividades pensadas para ellos como Godly Play, juegos o fútbol. Pero, sobre todo, hemos sentido que eran bienvenidos, que formaban parte de la comunidad. Y eso, para nosotros, ha sido un regalo muy grande. Gracias por querer a nuestra familia tal como es.
“Hágase tu voluntad”
Al terminar estos días, sentimos que no queremos que esta experiencia se quede solo en un bonito recuerdo. No queremos que dentro de unas semanas simplemente digamos que lo pasamos bien con buena gente. Lo que hemos vivido nos ha tocado el corazón y nos invita a ir más allá. De esta experiencia surgen preguntas que llevamos en el corazón y que queremos seguir descubriendo: ¿Qué quieres de nosotros, Señor? ¿Por qué nos has traído hasta la Comunidad de Fe y Vida? ¿Cuál es nuestro lugar dentro de ella? Sentimos que Dios actúa con sentido, que nada es casualidad. Como dice el dicho, “Dios no da puntada sin hilo”. Por eso confiamos en que todo lo vivido tiene un propósito.
Hemos encontrado en Fe y Vida una parcela de Iglesia donde se vive la fe del modo al que nosotros aspirábamos en sueños poder vivir. Viendo que esto es real y posible nos deja en la tesitura de tener que vivirlo, no hay excusas. Señor, indícanos qué quieres que hagamos, cómo quieres que lo hagamos y danos mucha paciencia, ¡pero dánosla rápido que tenemos prisa! Deseamos de corazón que todos los que han vivido la celebración de la Pascua con Fe y Vida —ya sea en Siquem, Granada, Valencia, Argentina u otros lugares— hayan podido renovar su fe o descubrir de nuevo lo que Jesús resucitado pide a cada uno. Nosotros volvemos a casa agradecidos, con el corazón lleno y con el deseo de seguir caminando, escuchando y respondiendo a lo que Dios nos quiera mostrar.
Gracias por todo lo vivido.
Oriol Sabé y Clara Carbonell
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