Cuando el año pasado Jairo nos invitaba a participar del ENC en vivo y en directo en Polonia, muchos comprometidos de la comunidad nos lo tomamos en serio… ¡hemos ido 15! Pero, ¿qué es el ENC? Es una red de comunidades europeas (European Network of Communities) ecuménicas de la Iglesia con diferentes estructuras y objetivos, pero con valores en común. Para que lo entendamos mejor: es una gran familia cristiana. Digo lo de «gran» porque somos más de 100 comunidades procedentes de 13 países. Y, como cada año desde que tuvieran la primera reunión en 1997, se realiza un encuentro con toda la familia para tener un momento de convivencia y de compartir experiencias comunitarias que puedan inspirar, ser de ayuda y de apoyo al resto de comunidades. Este año ha tenido lugar el pasado fin de semana en Breslavia (Polonia) y tenía por tema «La comunidad multigeneracional». En las sesiones principales nos hicieron énfasis en la importancia de cómo pasar el liderazgo a una nueva generación, cómo surgen las comunidades multigeneracionales y cómo dar voz o involucrar a la generación de ancianos en la comunidad multigeneracional.

Este año el encuentro ha sido muy esperado pues el año pasado tuvimos que vivirlo en formato online debido a la situación pandémica que estábamos sufriendo; ¡así que íbamos todos con muchas ganas de vivir esta experiencia! Para muchos de nosotros era la primera vez y se convertía en una buenísma oportunidad para conocer otras comunidades, ampliar horizontes, abrir la mente y tener otras realidades en nuestro corazón, oración y pensamiento. Además, nuestra comunidad participaba impartiendo dos talleres: uno desde el ministerio de comunicación hablando sobre «Echar las redes a la red: propagar la voz en un lenguaje contemporáneo«;  y otro desde el ministerio de jóvenes hablando de «Juventud y fe: ayudando a crecer».

Unidad en la diversidad

Vivir la unidad en la diversidad es uno de los principios de ENC ya que en esta gran familia están presentes países con culturas, contextos y realidades muy diferentes unos de otros. Estas diferencias no se discuten sino que se acogen y se busca conocer mejor. En el encuentro podías encontrar matices en la forma de vestir o en lo que para unos es importante y para otros no, también en la manera de celebrar e incluso de orar. Sin olvidar las diferencias en el idioma, los horarios y en la gastronomía… ¡que había mucha! Pero, esa diversidad fue justo lo más atractivo del encuentro y que, durante las variadas actividades que contenía el programa, ponía de manifiesto que se puede conseguir que los cristianos de diferentes denominaciones nos entendamos y vivamos en armonía.

Fue bonito e interesante palpar la diversidad en la gastronomía la primera noche en el momento del ENC Market. En él, cada comunidad desplegaba todo su «arsenal» gastronómico referente a su país de origen y lo servía para compartir en un encuentro formal para conocernos. Estaban representados países como Suiza, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Austria, Alemania, Polonia y, cómo no, España (¡no podía faltar la tortilla de patata!). Aquí podéis ver un vídeo resumen de ese jueves por la noche:

Compartir los momentos de alabanza todos juntos fue impactante a la par que emocionante. Saber que cada uno tenía su encuentro personal con Jesús y que, a su vez, lo vivía en comunidad con tantas personas a su alrededor cantando, orando y levantando sus brazos en alabanza, parecía potenciar esa experiencia de oración. ¿Quién lo dudaba? Hay que vivirlo para creerlo. Uno podía escuchar a personas orar en inglés, polaco, ucraniano, español y no se despistabas. Daba igual, sabías que ahí todos estábamos en actitud de escucha, de petición y de agradecimiento. Cada día teníamos ese regalo y éramos conscientes de la necesidad de vivirlo diariamente y de retenerlo, dándole un espacio y tiempo en tu propia vida.

Reunidos en torno al Shabbat

Una de las peculiaridades de ENC es que el sábado por la tarde se celebra el Shabbat, a saber, el día de descanso de los judíos. Este descanso lo hemos podido vivir en momentos marcados para ello durante los cuatro días del encuentro  Por ejemplo, entre taller y taller o charlas generales donde podías tomar un café y pastitas mientras compartías con quien te cruzaras por el camino; en los ratos de las comidas donde podías conversar y conocer a otras personas; también la tarde previa a la celebración del Shabbat pudimos disfrutar de una excursión por las calles de Breslavia donde, junto a hermanos de comunidad, paseamos y descubrimos el encanto de la ciudad. Los jóvenes de ENC (Next Gen) tuvieron su excursión particular por toda la ciudad en forma de yincana y la disfrutaron de lo lindo porque estaban mezclados por países y las pruebas eran interesantes.

Y, por supuesto, acabamos el día celebrando todos juntos el Shabbat. Es una bonita tradición. Prepararon el salón principal para la ocasión y nos sentamos en mesas redondas muy bien decoradas y con todo detalle: el pan ácimo, el vino… Fuimos siguiendo la liturgia propia de ese momento: el encendido de las velas, la bendición del vino, la bendición del pan ácimo, el saludo con los hermanos, etc. Y al finalizar la celebración comenzamos la cena y el compartir con las personas que estuviéramos en la mesa. Esa noche tenía como propuesta hacer fiesta y, como los españoles ahí donde vamos nos hacemos notar, no faltó el baile liderado y ambientado por miembros de nuestra comunidad.

Un encuentro comunitario que nos habla personalmente

A pesar de ser un encuentro de multitudes, para las personas que hemos participado en él no han sido cuatro días más de nuestro día a día. Personalmente toca alguna cosa, llama la atención otra o se descubre algo nuevo. Al final compartíamos entre nosotros que ha sido un fin de semana lleno de unidad en Jesús a pesar de la diversidad. Veías que el Espíritu Santo estaba actuando ahí porque si no cómo explicas a una persona que te has entendido con otras trescientas a pesar de ser cada una de un país y cultura diferente… Además, nos ha reforzado la idea (por decirlo de alguna forma) de que vivir la fe en comunidad, junto a hermanos en la fe, no es algo ajeno sino necesario y que muchos ya viven como nosotros. Era emocionante vernos en esa sala grande alabando a Dios juntos. La fe así crece, se afianza y en ella hay lugar para la esperanza.

¿Y qué le ha «dicho» el ENC a nuestra comunidad Fe y Vida? Nos hemos dado cuenta de que somos una comunidad humilde que hace lo que puede con lo que tiene a través de los dones que Dios le ha dado ¡y que traspasa fronteras! Hemos encontrado un lugar, una misión o razón de ser en esta gran familia. Aun ser pocos comprometidos o no ser tan conocidos, estamos respondiendo a lo que Dios nos va poniendo por delante y llamando a vivir sabiendo que Él hace el resto para su gloria. Al final se ha puesto de manifiesto nuestro gran anhelo de seguir construyendo el reino de Dios a través de nuestro carisma en estos tiempos que vivimos.