P1070010Granada otra vez. La ciudad nos recibió de madrugada: un atasco imprevisto en la M-30 y luego otra retención a la altura de Bailén desbarataron nuestros planes de llegar a una hora más o menos “decente”. ¡Pero bueno estábamos allí, gracias a Dios, sin ningún percance… y allí estaban también nuestros queridos hermanos, como unos valientes, esperando que llegáramos los últimos para ayudarnos a encontrar un sitio donde aparcar en la maraña de callejuelas de El Realejo… Está claro que el jueves no dio mucho más de sí, pero al día siguiente, ya nos encontrábamos todos juntos para comenzar el Capítulo anual de los compromisos en la sala superior de la Residencia de las Comendadoras de Santiago, el lugar que habíamos escogido para celebrarlo este 2013.

Dividimos el encuentro en varias sesiones en las que hubo de todo. Normalmente empleamos este tiempo para recordar la misión (y la visión) de Fe y Vida, para contrastar nuestros puntos de  vista, para proyectar acciones y también para escucharnos unos a otros lo más posible. Es cierto, la Comunidad va creciendo, así que cada vez son más necesarios esos tiempos en común en los que reforzar los lazos que unen y  buscar entre todos lo que el Señor pueda querer de nosotros.

Personalmente tenía la sensación de que, con el discurrir de las horas, iban quedando de manifiesto algunos puntos esenciales: nuestro país está viviendo una etapa crítica en su historia espiritual; es hora de volver a la esencia de la experiencia cristiana, con la recuperación del kerigma, el discipulado y la fraternidad; hace falta un nuevo lenguaje, cultural y estético para transmitir la verdad del Evangelio; es preciso partir de las necesidades concretas de las personas de hoy, para dar respuestas válidas a preguntas reales (no imaginadas, ni impuestas)… Me parece que todos estamos en esto, y, sin absolutizar para nada nuestra experiencia y nuestro carisma (¡mira que lo repetimos veces: lo importante es la Iglesia, la Iglesia…!), amamos la visión que nos convoca y  creemos en ella. Sí, estamos viendo el fruto y queremos más. La verdad es que, cuando una persona encuentra a Cristo y entra en la “dinámica del Reino” (aunque sea “a trancas y barrancas”), se produce algo prodigioso, una cosa que no tiene comparación con nada de lo que sucede en este mundo. Ciertamente, y aún sin verla, podemos participar en la fiesta de los ángeles en el Cielo (Lc 15,7).

P1070029
El viernes por la tarde fue un momento grande. Inaugurábamos nuestro primer local comunitario a pie de calle y abierto al público en el puro centro urbano, así como otro más pequeño enfrente, destinado a los niños y a las funciones de guardería… Mucha, mucha gente presente, y un invitado especial: Monseñor Javier Martínez, arzobispo de la ciudad y alguien muy querido por nosotros. Me encanta como habla ese hombre: se lo dije al acabar fastidiando un poco su modestia; siento que conecta y comparte el afán por extender la Buena Nueva tanto como sea posible.

Volvimos a verlo el sábado por la tarde. Bueno ¿no era el día grande? Fe y Vida celebra los compromisos de sus miembros anualmente. Hay otra ceremonia, la de vinculación perpetua a la Comunidad, que suele tener lugar aparte. Al lado de Don Javier estuvo D. Alberto Espinar, Canciller de la diócesis y una persona a la que una gran parte de los presentes debe mucho. Después, familiares, amigos, religiosas y un largo etcétera de personas que se nos unieron en una fiesta con mucha música, danza y color blanco (el de la Resurrección), por todas partes. Mientras imponía las cruces azules (nuestro emblema)  junto con el Sr. Arzobispo a los 20 nuevos comprometidos, me sentía feliz.

Pueden creerme todos los que lean esto: tener hermanos en la fe es lo mejor del mundo.
P1070014
¿Qué más puedo decir? Terminamos con la cena, iniciada siempre con un ritual de Shabbat judío: la de las copas que rebosan de vino y el compartir del pan trenzado. Más fiesta sobre la fiesta.

¿Y saben cual fue una de las mayores alegrías del fin de semana? Hablar con algunos chicos (¡un saludo especial para ti, Raquel!) que se han acercado a la Comunidad allí, en los últimos tiempos. No lo puedo remediar: siento que me llenan de fuerza y energía otra vez, mientras me veo a mí mismo en sus ojos, lleno de ilusión con su misma edad…

El sábado por la tarde salí un momento para comprar unos zapatos (¡el “ritual” comunitario exige que sean marrones para la ceremonia, y yo no había llevado!). Hacía un tiempo muy agradable y el centro de Granada hervía de gente, así que, fiel a mi costumbre, me senté durante unos momentos en un bolardo simplemente a observar. Todo un espectáculo… vidas y vidas en movimiento: muchísimos jóvenes. A lo mejor parezco un fanático, pero, de verdad que no puedo dejar de pensar en cuánto amor, belleza, justicia y paz podría traer Cristo a sus vidas. Tan evidente me parece, que no ceso de meditarlo una y otra vez.

¿Habrá un motivo mejor para dar la vida?.

Un abrazo a todos… y gracias otra vez.

josue.fonseca@feyvida.com