Hace unos meses comencé mi andadura por los pasillos de Siquem (casa de la comunidad en Santander) desde una nueva perspectiva de año cuyas motivaciones diré más adelante. No sabía lo que se me venía encima… ¡pero para bien! Este curso decidí iniciar la Escuela de Discipulado de Fe y Vida (la llamaremos a partir de ahora E.D.).

Por comenzar la historia por algún punto concreto, la convivencia ha sido uno de los puntos a favor. Cada día tenemos una clase sobre distintas materias (Historia de la Iglesia, Acompañamiento, etc.) y luego, cuando los profes terminan y nosotros nos quedamos luego por la casa comentando a veces nuestros puntos de vista, he de decir que surgen opiniones muy válidas y prácticas para la vida real. ¡Lo cual he de agradecer, la utilidad real! Además, algo que no tiene precio de vivir en comunidad es la comprensión de las personas con las que vives cuando cometes errores, saltas ante una situación erróneamente o llevas un mal día, ellos te siguen tratando con amor, apoyo y, reitero, comprensión, añadiendo una dosis para mi mejora personal.

Por otro lado, a nivel personal me está encantando la E.D., estoy conociendo facetas nuevas de un Dios que me ama, pase lo que pase (que suena típico pero, si reflexionas y te conoces de verdad, no es tan común). Esto destacaría de mi motivación para hacer la E.D: me está abriendo los ojos aún más a mi verdad. Digo esto ya que me encuentro en un proceso y estoy intentando vivir desde ese proceso sin acelerarme a cosas que mi acción no alcanza. En todo camino hay una parte que se basa en prepararse para el camino en sí. Hay una película que hace esto exageradamente bien, “El caballero Oscuro: La leyenda renace”, en otras palabras, la 3ª de Batman. En ella, la mitad película es una preparación minuciosa de los personajes, del gran conflicto final y de la mentalidad del héroe ante su propia historia. La segunda mitad es la verdadera puesta en práctica de todo lo previo y todo lo dispuesto. Esta es mi realidad con la escuela. No digo que ya viniera aprendido de casa, ni tampoco analfabeto, pero ahora me toca preparar la que será mi segunda mitad y quería la E.D. para ayudarme a ello, donde (con lo que pueda aprender y crecer de la vida y la fe este año) pueda iniciar mi camino, mi verdadera trama de la historia donde, sin dormirme en los laureles, deje a Dios ser Dios.

Es una oportunidad impresionante, en realidad, de la que servirnos y de la que disfrutar también. Dios me ha cuidado, me ha impresionado este curso en la E.D. y espero que no me deje de cautivar. Me queda mucho por aprender, eso siempre será así. Pero si puedo entrar a la segunda mitad con un mejor crecimiento espiritual, prefiero hacerlo.

Fede