Hace más o menos un año, comenzó la andadura oficial de la Fraternidad Misionera Fe y Vida. Se llevaba gestando meses antes. Hoy me gustaría contar cómo fue este proceso y que podáis conocer mejor la Fraternidad Misionera.

Desde hacía años se hablaba de la necesidad de poder contar en la comunidad con personas que se dedicaran exclusivamente a la evangelización, se habían llamado durante muchos años «liberados», «laicos liberados», «misioneros»… El tema es que se veía esa necesidad como una forma de poder crecer porque, si queremos cambiar este país «llevando las buenas noticias a los pobres» necesitamos atender a mucha gente, hacer las cosas con profesionalidad… y eso requiere tiempo y esfuerzo. 

En la comunidad siempre ha sido habitual el modelo del laico que tiene trabajo e hijos, y dedica parte o totalidad de su tiempo (dependiendo del grado de implicación que decida cada uno) a la evangelización: organizar retiros o eventos, acompañar, reuniones… Y este modelo, en el cual creemos y que nuestro propio fundador ha practicado durante toda su vida, vemos que se puede complementar muy bien con otro que consista en que algunas personas (siempre serán pocas en comparación con el otro grupo) no tengan un trabajo «secular» y que su trabajo sea la misión, dedicando todas sus fuerzas y energías a dicha misión. Por eso a veces se nos llama misioneros (aunque realmente misioneros somos todos los discípulos).

Este segundo modelo no ha existido en Fe y Vida durante los más de 20 años que la comunidad ha existido, principalmente porque no se veía el «cómo» hacerlo. En 2020 empezamos a plantear construirlo. Para ello, creo que fue muy importante el hecho de que yo llevara algo más de 3 años viviendo este modelo de misionero en la organización Ágape, donde pude aprender y «practicar» cómo era vivir de esta forma y todos los entresijos que conlleva. En mi corazón estaba poder vivir este modelo, este ser misionero a tiempo completo, pero dentro de mi familia espiritual, desde mi comunidad, desde su visión y desde sus valores. Así que durante ese año caracterizado por la pandemia, planteé con nuestro fundador, Josué, el poder «crear» este modelo en Fe y Vida. Así que durante 2020 fui realizando el proceso de «desacople» de Ágape y «acople» en lo que se acabó llamando Fraternidad Misionera Fe y Vida (FMFV a partir de ahora).

Tal cual lo hemos concebido en la comunidad, a esta fraternidad podrían pertenecer miembros comprometidos (mejor si es compromiso definitivo) que se sientan llamados a este estilo de vida (poniendo su prioridad en la misión, no teniendo un trabajo secular, es decir su misión es su trabajo), y que la comunidad confirme con esta vocación y dones de misión. Además, podrían pertenecer tanto célibes como laicos.

Debido a que no tenemos un trabajo secular que nos sustente… ¿De qué comemos? Quizá es la pregunta que más nos hacen. Os lo cuento: cada misionero debe desarrollar un Equipo de Apoyo, que consiste en personas que creen en la misión y el misionero y están dispuestas a hacer un donativo regular para sustentar dicha misión. Hay gente que lo llama «vivir de donativos» o «vivir de la providencia», y ambas son ciertas. Pero nos gusta más hablar de Equipo de Apoyo, porque cuando invitamos a alguien a sumarse a nuestro equipo de apoyo, queremos que esa persona realmente se sienta parte de la misión que estamos haciendo. Muchas veces son personas que les gustaría hacer más por la misión de la Iglesia y por sus circunstancias no pueden, y a través de apoyarnos responden a esa llamada que Dios hace a todos los cristianos de involucrarnos activamente en la construcción del reino de Dios. Además, no es solo la dimensión económica, a estas personas del  Equipo de Apoyo se les pide que nos acompañen con su oración, con su ayuda puntual en los diferentes proyectos o eventos de la misión, pueden asistir a lo que se organiza, etc. Personalmente, creo que es una forma de «vivir de la providencia» que es muy constructiva, porque sientes constantemente el cariño de esa gente que reza por ti, se preocupa por ti y te ayuda.

Siguiendo con la historia de antes, en enero de 2021 comencé oficialmente como misionero en la FMFV. Estaba yo solo y es verdad que a una «Fraternidad» de una persona… como que le falta algo. Y no tardo en llegar: Rocío Miralles, habiendo visto mi proceso, se sintió interpelada (en sus propias palabras) y decidió que también quería para ella este estilo de vida. Tuvimos un retiro-formación en el que le transmití mi experiencia de los anteriores años como misionero, animándola a ella a empezar este proceso, formar su Equipo de Apoyo y poder empezar así como miembro de la FMFV. Al poco tiempo, ya pertenecía oficialmente a la FMFV y ya éramos dos.

 Y… ¿qué haces en el día a día? Esa es la segunda pregunta que más me hacen. Pues en mi caso, se juntan dos realidades: por una parte el rol de responsable de núcleo de Valencia y el rol de misionero, que en mi caso creo que se conjugan muy bien. En la práctica, la mayor parte de mi tiempo consiste en llevar diversos grupos de formación y crecimiento (células), acompañamientos o mentoreos personales, organizar eventos (cursos Alpha, Tú 2.0…) organizar y preparar las reuniones de oración semanales (asambleas). También dedico una pequeña parte de mi tiempo a la «misión en las redes», en mi caso sobre todo Instagram y Youtube.

Aprovecho la oportunidad para agradecer a la comunidad cómo nos ha acogido en este proceso, a Ágape por transmitirme una experiencia valiosísima y a las personas de mi equipo de apoyo por su fidelidad y generosidad. Por lo demás, esperamos, tanto Rocío como yo, que la FMFV siga creciendo, que el Señor llame a más personas a vivir este estilo de vida y ¡que eso sirva para hacer crecer su reino!