Y llegó el gran día. IMPACTO estaba a punto de comenzar. Durante los últimos preparativos, las caras de agobio que en el fondo reflejaban muchísima ilusión, la energía y el empeño que todos ponían para tener perfecto hasta el último detalle, mostraban lo íntimo, lo intenso y la calidad de este encuentro.

Recuerdo el recibimiento con mucho cariño, comenzaron a llegar todas aquellas chicas (porque la gran mayoría éramos chicas) con sus maletas gigantescas para cuatro días y deseando encontrar su lugar, comenzar a hacer grupo y conocer a sus compañeros de campamento. Aunque éramos poquitos pienso que era un número perfecto para vivir la experiencia, no se como decirlo, quizá de una forma más nuestra, más personal…maria

La primera noche tres valientes se animaros a compartir sus testimonios; llamaba la atención que coincidían e incidían en como el Señor había actuado en sus vidas y creo que a partir de ahí para todos fue ese el principal objetivo de impacto, buscar y descubrir al Señor.

Realmente pienso que cada actividad realizada, las ponencias, el mentoreo, el compartir y la oración eran oportunidades para alcanzar aquella finalidad.

Respecto a las ponencias, yo te aseguro que aquellas personas no estaban allí por casualidad. Cuando alguien te habla sobre alguna cuestión tiendes a darle una mayor importancia a ciertos puntos del tema y extraer alguna enseñanza, pero estos ponentes, además de impartir sus conocimientos sobre el tema, te acercaban de una forma muy auténtica a su realidad y la forma en la que ellos lo habían vivido.

Tratamos puntos tan personales como el discipulado o las tentaciones; a día de hoy puedo afirmarte que he adquirido un hábito respecto a Dios que ha sido un punto de inflexión en mi vida, ahora tomo siempre mis decisiones teniendo en cuenta y recordando lo que nos transmitieron. Siendo muy consciente de que son puntos clave en nuestra vida.

El mentoreo también era un momento de gran intensidad e intimidad de aquel encuentro, no te voy a mentir, es muy difícil abrirte en canal a una persona que en realidad no conoces mucho y contarle y mostrarle algo que quizá jamás hayas compartido con nadie.
Yo lo viví como una situación de cierta inseguridad, dejar la mente en blanco y solo expresar tu vivencia y tu sentir. Si no sueles sacar al exterior tu realidad, es un perfecto instante para darte cuenta de tu situación, ya que el mentor te comprenderá pero ante todo te abrirá los ojos y enseñará lo que el Señor quiere de ti y sobre todo, lo que te ama.

Si hablamos de la oración, la sensación de rezar ayudándonos de la música es única, yo diría que maravillosa, alcanzas un estado de oración de pura conexión con Dios ¡y que fácil se hizo con el grupo de música que nos acompañó! Radar cumplía esta labor de forma excelente.

oracionPero me quedo con la última noche. Te pongo en situación. Tras cantar a pleno pulmón las canciones con Radar, alabar y adorar a nuestro Señor, alcanzamos un punto de oración en el que todos apreciamos la necesidad de rezar, ya no de forma individual, si no los unos por los otros.

Se me viene a la cabeza aquella intercesión tan especial, cómo se acercaba todo aquel que quería, a pedir oración por él o por algún aspecto de su vida.
Llena ver las caras de emoción y las lágrimas de mis compañeros, comprobar como sienten plenamente a Dios.
Ese, para mí, fue mi momento de reencuentro, comprobar cómo el Señor actuaba sobre aquellos hermanos te hace enamorarte más de El, sentir lo que nos ama y que nunca nos abandona y como se cita en Rm 8, 35: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?”

Aquel fue el punto y aparte de Impacto y de todo aquel que se sintió tocado.

Y por supuesto, todo ello acompañado por dos horas de surf al día, que no nos las quitaban nadie aunque pasasen volando (a pesar de ser pésima en este deporte, y solo ponerme de pie los últimos 5 minutos del último día) ¿La intención es lo que cuenta no?

Finalmente agradecer enormemente a todos los que estuvieron y dieron su tiempo en servicio de los demás y del Señor haciendo posible Impacto 2016. MUCHISIMAS GRACIAS.

 

María Castellano