Hará un tiempo que el párroco de una de las iglesias de Torrelavega con el que la comunidad tiene buena relación nos propuso llevar un grupo de jóvenes en esa misma parroquia. El perfil de estos chicos era mayoritariamente cristianos que van frecuentemente a misa, de familias practicantes y que han estado involucrados en distintas dinámicas de parroquia pero que ya no tienen ningún grupo de formación o con quién compartir su fe en su día a día. Así que algunos de los jóvenes de Fe y Vida en Cantabria nos comprometimos con esta tarea que lleva ya en marcha casi mes y medio. Personalmente, cuando la comunidad me ofrece llevar a cabo una tarea rara vez digo que no, porque poder aportar mi granito de arena en cuanto a la misión de Fe y Vida me hace espiritual y humanamente mucho bien. Pero en esta ocasión se me planteó la duda de si verdaderamente merecería la pena, ya que consideraba que los métodos que nosotros utilizamos para la comunidad no podrían no ser los que funcionaran con ellos y quizás fuera mejor dejarlo como está. Cada uno por su lado.

Toda mi vida he escuchado muchas críticas negativas en torno a la Iglesia, ya sea en los medios de comunicación o en familiares y no fue hasta mi conversión que pude entender que todas esas ideas eran, además de erróneas, creadas desde el desconocimiento mayoritariamente. Mi vida de fe ha nacido y sigue creciendo en la comunidad Fe y Vida, y nunca he tenido gran interés por la labor en las parroquias, en gran parte porque sentía que no tenían nada que pudieran ofrecerme nada que lo que ya estaba yo viviendo.

Estos jóvenes cuyas experiencias procedían mayoritariamente de lo vivido en sus parroquias no han tenido ningún problema en ver que aún les queda mucho por aprender en la fe. Y ahí están reuniéndose semanalmente con nosotros, escuchando nuestros testimonios y formas de vivir la fe, que puede que les sirvan o no. Personalmente admiro de ellos que han sabido buscar a Dios por encima de aquello a lo que normalmente están a costumbrados. Pensaba hablar de lo bien que nos está yendo en este nuevo grupo, de que poco a poco las conversaciones se van haciendo más profundas y sinceras, pero me parece más importante hablar del peligro que supone para mí creer que mi forma de hacer las cosas es la mejor. ¿Acaso me creo que sé suficiente de Dios como para dejar de buscar formas para encontrarme con Él? Definitivamente no. Puede que estas actitudes no se reflejen en mi vida en forma de soberbia, pero sí que me alejará de aquello a lo que creo que el Señor me llama a ser. De este modo, cada vez que se me pasa por la cabeza que mis métodos y mis discursos sobre cómo vivir como un buen cristiano son insuperables ya sé que hay algo de mi plan que falla y que merece ser revisado.

Buscando unos versículos en la Biblia que pudieran dar forma a todo lo que yo quería escribir encontré este:

“Propio es el hombre a hacer planes, pero la última palabra es de Dios. A los ojos del hombre todos los caminos son puros, pero el Señor juzga las intenciones. Encomienda al Señor tus obras y tus proyectos tendrán éxito.»

(Proverbios 16, 1-3)

A los que leáis este artículo os pediría que recéis por nuestro nuevo grupo de jóvenes aquí en Torrelavega, pero sobre todo por que los que lo formamos podamos mantener los pies en la tierra y podamos buscar al Señor con humildad.